Estas son algunas técnicas que te ayudarán a tranquilizarlo.
1 Calor de mamá: con frecuencia el contacto con tu piel es suficiente para tranquilizarlo. En tus brazos, tu hijo se siente seguro y protegido, porque reconoce el sonido del corazón que lo acompañaba mientras crecía dentro de tu pancita.
2 Succionar: la succión proporciona al bebé sensaciones muy placenteras. Para relajarlo, puedes ofrecerle el pecho, tu dedo meñique o el chupón, si la lactancia materna ya está bien establecida.
3 Aliviar los gases: si llora después de comer, es probable que haya tragado un poco de aire durante la toma. Para ayudarlo a expulsarlo, recuéstalo sobre tu hombro y dale palmaditas en la espalda.
4 Un masaje suave: ¿a quién no le gusta que lo acaricien suavemente? La postura de su pancita apoyada sobre tu mano es buena para que saque los gases. Aprovecha para balancearlo suavemente eso hará que se relaje.
5 Cambiar de brazos: aunque cueste admitirlo, a veces es necesario dejar que sean otros los que calmen a tu bebé. El llanto continuo puede ponerte muy nerviosa y, si estás tensa, el niño lo nota y llora más.
6 En el cangurito: el calor de tu cuerpo y tu cercanía pueden hacer maravillas. A partir del mes lo puedes llevar pegado a ti dentro de un canguro porta bebé que tenga un buen soporte para la cabeza.
7 De paseo: si has agotado todos los recursos, prueba darle un paseo por la casa. Algunos bebés se tranquilizan con el movimiento del coche y casi todos se calman en cuanto los pones en movimiento.
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