El período de lactancia permite estrechar aún más el vínculo amoroso que existe entre madre e hijo. La leche materna es el alimento ideal para todo niño recién nacido, hasta los 6 meses como alimento principal, y hasta los 2 años como alimento complementario. Por esta razón el cuidado de los senos es de suma importancia en esta etapa, ya que el más mínimo descuido en acto de amamantamiento podría producir una mastitis.
“Con el nombre de mastitis se conoce a todo proceso infeccioso de la mama durante la lactancia o no lactancia del bebé. Si ya de por si la lactancia es una preocupación importante de la madre, sobre la que gira toda su vida y la de su bebé en los meses inmediatos al parto, una infección de mama puede complicar aún más todo se complejo universo materno”. Indica la Dra. Gracia Rubio, Ginecóloga. Señalando además, que no representa una complicación mayor, sin consecuencias graves para el lactante.
Síntomas
Los primeros síntomas característicos son el dolor y la hinchazón en la mama, con áreas enrojecidas y endurecidas. Cuando la infección avanza pueden aparecer escalofríos, cansancio y fiebre que puede alcanzar hasta los 40°C, también vómito y nauseas. El calor, el enrojecimiento y el dolor se pueden presentar en zonas muy concretas del pecho que toman forma triangular y se hacen muy visibles.
Causas
La Dra. Rubio explica que “La mastitis se asocia por lo general a la obstrucción de los conductos de la leche en el interior del pecho. Cuando la leche no fluye bien por los conductos y estos se obstruyen de forma continuada se produce una infección de los mismos y un proceso inflamatorio y doloroso en zonas concretas del pecho”. Señala que existen otros tipos de mastitis producida por “hongos tipo cándida”, transmitida por el bebé a través del contacto con su boca. “Es una mastitis con sus efectos muy concentrados en el pezón, que se irrita de forma muy dolorosa para la madre”, dice.
Tratamiento
Si se detectan a tiempo los primeros síntomas (cuando sólo hay retención láctea), la solución es rápida mediante la colocación de cataplasmas calientes, reposo y la extracción de la leche retenida. No es necesario suspender la lactancia sino, por el contrario conviene aumentar la frecuencia de las mamadas para favorecer el vaciamiento de la glándula. En los casos que se demuestre infección, es necesario administrar antibióticos permitidos en este período. Esta situación suele provocar dolor importante en la mama y fiebre que debe ser tratada mediante antipiréticos (paracetamol). Tomando en cuenta la infección se recomienda evitar darle de mamar al bebé del seno afectado y amamantarlo únicamente con el seno sano, hasta las 48 hs. posteriores de la administración del antibiótico. Durante este período, en donde el bebé no vacía el seno afectado, es importante que se extraiga la leche mediante algún método de extracción (manual o con saca leche).
Muy pocas veces la mastitis evoluciona hacia la formación de un absceso, que se caracteriza por una colección purulenta (pus) y que generalmente requiere de un drenaje quirúrgico. En este caso se debe suspender el amamantamiento con el seno afectado hasta que la herida haya cicatrizado totalmente. Del mismo modo hay que extraer la leche por medio de algún método alternativo. Por suerte esta complicación es muy poco frecuente.
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