Sin embargo, los efectos de todos estos problemas pueden ser mitigados a través de una dieta equilibrada que ayude a la persona mayor a sentirse bien y a estar sana. Estos son algunos consejos para planificar la dieta de una persona mayor:
El aporte energético en la edad adulta debe ser menor, ya que en esta etapa suele producirse una disminución significativa de las actividades físicas. Por ello se deben evitar los alimentos ricos en grasas. En su lugar, consumir alimentos ricos en ácidos grasos insaturados, que además de aportar nutrientes ayudan al buen funcionamiento del sistema cardiovascular.
Es conveniente entonces, aumentar el consumo de pescado y consumir aceite de oliva preferiblemente, ambos alimentos son ricos en ácidos grasos insaturados con indiscutibles cualidades dietéticas como la reducción de los niveles de triglicéridos y colesterol sanguíneos.
La hidratación es muy importante. La deshidratación es un problema frecuente en los ancianos, ya que su capacidad homeostática se encuentra disminuida y que no le permite regular eficientemente los niveles de líquidos y electrolitos en el cuerpo. Además, numerosos estudios muestran que los ancianos en general, no consumen cantidades adecuadas y suficientes de líquidos que les permitiría mantener una adecuada hidratación y una concentración ideal de electrolitos en el plasma. Por otra parte, los especialistas señalan que las personas mayores tienen una menor sensación de sed, sin embargo, se hace de suma importancia el consumo de líquidos durante el día incluso aunque no se tenga sed.
Se debe evitar el consumo de líquidos con efecto deshidratante por su efecto diurético como té, café, bebidas y gaseosas, por su contenido en xantinas, y alcohol. Será una buena elección optar por alimentos, como verduras, cereales cocidos y legumbres. Los zumos naturales y el consumo de fruta fresca también son una buena fuente de líquidos.
Vitaminas, azúcar y sal. El consumo de alimentos ricos en vitaminas y antioxidantes es indispensable en la dieta de una persona mayor. Las zanahorias, el puerro, el zapallo, el brócoli y las naranjas son alimentos que contribuyen a una dieta equilibrada en esta etapa de la vida, aportando vitaminas y minerales.
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