1 Hielo primero, agua caliente después. El hielo es un excelente analgésico, bloqueando temporalmente las señales de dolor y ayudando a reducir la hinchazón. Al menos dos veces por día, coloca en una toalla limpia un trozo grande hielo para usarlo sobre tu zona adolorida por máximo 20 minutos continuos. También puedes usar las compresas especiales que se congelan y resultan ser más ergonómicas e higiénicas. Después de aproximadamente 48 horas, cambia a calor húmedo para estimular el flujo sanguíneo y reducir los espasmos dolorosos. Sumerge una toalla en agua muy caliente, escúrrela y úsala en la zona adolorida. Deja actuar también durante 20 minutos.
2 Masajea la zona para causar alivio. Con la ayuda de alguien, puede ser un experto o no en masajes, masajea la zona adolorida. Puedes usar cremas o pomadas específicas para los dolores musculares, aunque debes tener cuidado, ya que la mayoría de las cremas de uso tópico producen irritación de la piel después de algunas aplicaciones. Un buen dato es meter en un calcetín largo unas 3 pelotas de tenis, ata el extremo de la media, y tendrás listo un “masajeador” manual que te podrá causar gran alivio.
3 Una de las opciones naturales más recomendada para los dolores musculares es la valeriana. La puedes tomar en infusiones o en suplementos (cápsulas de 250 ml o 20 gotitas) al menos 3 veces al día. Algunos científicos afirman que el ingrediente activo de esta hierba interactúa con los receptores en el cerebro para causar un efecto sedante. A pesar de que los sedantes no se recomiendan para tratar este tipo de dolor, la valeriana es mucho más suave que cualquier producto farmacéutico.
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