miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Por qué nos parecemos a nuestras madres?

 

 Indudablemente el parecido físico que tenemos con nuestros padres, casi siempre es insignificante si lo ubicamos al lado de las semejanzas que existe entre nuestra forma de ser, comportarnos y hasta de pensar, pues nuestros temores, comportamientos, gustos y hasta defectos van de la mano con lo que venimos aprendiendo de nuestros progenitores desde el mismo momento de la concepción.
En este caso nos referiremos específicamente al parecido entre madres e hijas, y es que al parecer la huella que deja mamá en el comportamiento futuro de sus hijos es tal, que el completo desarrollo emocional del individuo estará profundamente evidenciado por la crianza que recibimos.
La opinión de los expertos
Stephen Poulter es un psicólogo estadounidense, quien concentró toda esta información en su libro: “El factor madre: cómo el legado emocional de tu mamá afecta en tu vida”.
Estudios señalan que una de las huellas que más marcan a un individuo es la sobreprotección que recibieron por parte de su madre durante la niñez, al igual que el estar siempre en un ambiente pulcro, más que beneficiar puede perjudicar al individuo en cuestión.
Para Patricio Venegas, otro psicólogo interesado en el estudio de todas estas conductas y sus consecuencias considera que “las madres sobreprotectoras y temerosas” generalmente tienen hijos que al paso del tiempo desarrollarán enfermedades psicosomáticas como alergias y asma.
De tal madre, tal hija
Para nadie es un secreto, que las madres pueden heredarles características genéticas a sus hijas: como el color del cabello, de los ojos, de la piel, etc. Sin embargo; no todo es genético, la herencia que obtenemos de nuestros progenitores va mucho más allá, inclusive estudios indican que los padres serán el modelo a seguir de un niño cuando entre en la etapa de la adultez. De allí la importancia de brindarles el mejor ejemplo a nuestros hijos.

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