La hiperactividad se ha transformado en un concepto familiar dentro de nuestra actual sociedad. Más allá de las conductas enérgicas, impulsivas y aceleradas de los niños puede esconderse un trastorno conductual que puede afectarles la calidad de vida incluso en la edad adulta.
Los consejos
1 El tratamiento ante un diagnóstico de hiperactividad consiste en la administración de fármacos, especialmente estimulantes, en conjunto con la aplicación de métodos conductuales y cognitivos, como entrenamiento en habilidades sociales, reuniones familiares e individuales, terapias de grupo y talleres de relajación, pintura y actividades deportivas. Sin embargo, es el especialista el encargado de evaluar cuáles son las opciones menos drásticas y más viables para el niño.
2 Es importante mantener una situación estructurada en la casa, con horarios constantes y evitando estímulos demasiado llamativos. Alejarle de los estímulos que pueden distraer su atención.
3 Al principio quedarnos con ellos haciendo actividades que requieran un nivel de atención elevado, e ir retirándonos poco a poco hasta dejarlos solos cada vez más tiempo.
4 Cuando parece que no oye lo que se le dice, sujétale la cabeza con las manos, mantén la mirada fija en sus ojos y háblale con voz suave, sin enfadarte pero firme, utiliza el contacto físico para atraer su atención. Después, pídele que repita lo que se le ha dicho y si no lo recuerda, vuelve a repetirle el mensaje.
5 De la misma manera, los padres necesitan una serie de normas claras y precisas para regular el comportamiento de sus hijos. Las reglas deberán ser estables, consistentes y explícitas: Estables: Se refiere al cumplimiento o incumplimiento de las reglas, pues siempre ha de tener las mismas consecuencias. Consistentes: Las reglas no cambian de un día para otro. Explícitas: Las reglas son conocidas y comprendidas por ambas partes, el padre y el niño. Predecibles: Las reglas están definidas antes de que se incumplan, no después.
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