Tener un bebé es una experiencia maravillosa y muy positiva, pero la aparente fragilidad del pequeño suele provocar dudas, agobio e inseguridad a los padres, sensaciones que se acrecientan al salir de la clínica y llegar a casa con él. Obviamente la naturaleza es sabia, es por ello que muchas de estas dudas se van aclarando con simple sentido común, volviéndose sencillas de resolver. Pero si eres una madre primeriza de segura te gustará leer algunas de las dudas más comunes sobre el cuidado de un bebé.
La piel reseca
La sequedad excesiva de la piel forma parte del proceso de adaptación del niño a un ambiente mucho más seco, totalmente distinto al medio acuoso en el que se ha desenvuelto durante la gestación. Para hidratársela hay que aplicarle una crema o un aceite corporal infantil varias veces al día. Añadir un chorro de cualquiera de estos productos al agua del baño también resulta muy eficaz.
El hipo
Porque su diafragma (es el músculo que regula la cantidad de aire que entra en los pulmones) aún está inmaduro. Desde los tres o cuatro meses, el hipo deja de ser tan habitual. Hasta ese momento, para ayudarle a superar sus hipidos, podéis darle un poco de agua en el biberón, cambiarle de postura o recostarle sobre vuestro hombro y darle unos ligeros golpecitos en la espalda.
El baño
Desde que vuelvas a casa con él, siempre y cuando luego le seques bien la zona del cordón umbilical, debes bañarlo. Tempera la habitación a 22 ºC. Coloca a mano lo que vas a utilizar y llena la bañera antes de meter al niño (agua a 37 ºC). Sostenle la cabeza, la nuca y los hombros con un brazo, mientras lo aseas con la mano del otro brazo. No alargues el baño más de tres minutos y en cuanto lo saques del agua, envuélvelo en una toalla, que le tape también la cabeza,
Los estornudos
No es un síntoma de que está constipado, sino un acto reflejo típico de los neonatos, que les ayuda a despejar sus vías respiratorias.
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