Creemos que solo pasa en los lugares más desprovistos, pero ocurre en todas las clases sociales, niveles económicos y culturales. El fenómeno del abuso infantil es tan impredecible y tan complejo que el agresor busca cometer sus actos de la forma más sutil y ante nuestra vista con un solo objetivo, despistar.
Educar a los niños para el auto resguardo es una de las principales herramientas para prevenir el abuso sexual. Sin embargo, la familia en pleno debe permanecer alerta, ya que todos los pequeños son vulnerables.
Las estadísticas internacionales indican, que el agresor está, en la mayoría de los casos, dentro de casa, es un miembro de la familia o muy cercano a ésta. La población más vulnerable es de niñas entre 9 y 12 años de edad y la forma de aprovecharse es casi siempre a través de la amenaza. Aunque los expertos notan con preocupación que la presencia del varón como víctima es cada vez más frecuente.
A los niños hay que hablarles de abuso sexual, pero los especialistas señalan que para eso debes enseñarles antes educación sexual. Primero lo bonito, lleno de amor, valores y principios. Cuando hablas de valores, incluyes el respeto, y esta es la palabra clave para que el niño comprenda que su cuerpo es un tesoro, que se respeta y que no debe permitir que nadie lo toque si él no quiere.
Se le debe hablar de sus partes íntimas, que todo aquello que se cubre no lo deben tocar otras personas y que si alguien quiere hacerlo, siempre debe contarle a mamá y a papá o a alguna persona de confianza. Es importante que aprenda a decir no, enseñarlo a gritar ante cualquier eventualidad fuera de lo normal, y olvidar por instante aquello de que el niño obediente no grita. El mensaje central que se debe transmitir al niño es, “nunca debes quedarte callado ante algo que no te gusta; yo siempre voy a creerte”.
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